Saudade
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- El 06/04/2016 Actualizado el 18/02/2021
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Muy presente en las letras del fado, se puede considerar el término « saudade » casi como un embajador del alma portuguesa. El turista o el lector apresurado se verán tentados a traducirlo como "nostalgia". Pero esto sería ignorar las múltiples facetas de un concepto considerado uno de los más difíciles de traducir, un concepto que nos introduce en la historia y la sensibilidad del pueblo portugués. Vamos a tratar de explorar su significado...

Nocturno lisboeta

José Ferraz de Almeida Júnior
Saudade (1899)
Como la lengua a la cual pertenece, la palabra portuguesa "saudade" deriva del latín. La palabra proviene del plural latín « solitotes » (soledades). En su versión arcaica, saudade se escribe primero "soidade" y parece más próxima a su origen latino. Esta palabra se encuentra a menudo, a partir del siglo XIII, en " las canciones de amigos" de los trovadores lusófonos. Expresa por primera vez las quejas de las mujeres lamentando la ausencia del amado partido hacia la guerra, o de viaje en el gran océano (Los Portugueses, como sabemos, son un pueblo de navegadores). "El paso de soidade al vocablo más melodioso saudade se explica hipotéticamente por una influencia popular del verbo saudar (saludar), de las palabras salvo (ileso) y saúde (salud) procediendo del latín salvus/salutate, como lo demuestra el uso siempre actual, de enviar saludos mandando « saudades ». Una carta, arbitrariamente atribuida al poeta Camões, pero probablemente coetánea (siglo XVI), explora la ambigüedad :
| Por usar costume antigo saúde mandar quisera E mandara se tivera Mas... amor dela é inimigo Pois me deu em lugar dela Saudade em que ando, Saudade cem mil mando... E não ficando sem ela. |
Por una vieja costumbre Quería enviar mi saludo Y lo habría enviado si tuviera Pero... el amor es su enemigo Porque para él me dio Saudade que sufro, Saudade, cien mil que envío... Y todavía guardo conmigo. |
Un sentimiento complejo y paradójico
La ambigüedad etimológica de la palabra inevitablemente afecta a su significado y podemos decir, en primer lugar, que la saudade vive de una tensión entre el pasado y el presente, entre la ausencia y la presencia. Un antiguo tratado portugués de principios del siglo XVII da la siguiente concisa definición: "Recuerdo de una cosa con el deseo de esa misma" (Origem da Lingua Portuguesa, Lisboa 1606). Pero esa concisión puede hacernos obviar lo esencial... « Con una ambigüedad estructural, ese sentimiento está en la unión de dos sensaciones que expresan la ausencia: la memoria de un pasado acariciado y el deseo de esa felicidad que no se añora. Disfrute y ansiedad: el resultado es un estado de melancolía descentrado, que aspira a superar la finitud del instante y el extravío de la distancia » (F. Santoro). Dependiendo del objeto deseado y añorado (el/la amado-a, el país, tal época, tal idea), la saudade despliega sus mil y un matices existenciales.
La definición más bonita del término procede tal vez de D. Francisco Manuel de Melo, que en su Epanàforas (Lisboa 1660), afirma: « Es un mal que nos gusta, y un bien que sufrimos ». Por lo tanto, uno puede "morirse de saudade" en presencia de la amada reencontrada, « como si todo el dolor acumulado se liberara catárticamente en un momento de éxtasis, en un instante de salvación », dice F. Santoro. Así pues aparece la saudade próxima al deseo y a su inminencia infinita. « Espina amarga y suave » decía la gran cantante de fado, Amalia Rodrigues.

Sebastián I de Portugal
por Cristóvão de Morais
El sebastianismo una saudade colectiva
Pero si profundizamos en la imaginación del alma portuguesa, hallamos aún más. Desde finales de la Edad Media, una leyenda permanece en el inconsciente colectivo de los portugueses. Su origen se basa en un hecho histórico. El 4 de agosto de 1578, en Alcazarquivir, los Portugueses encabezados por su joven rey Sebastián I, sufren una terrible derrota frente al Sultán de Marruecos. El rey Sebastián, de 24 años, pierde la vida. Su muerte y, por otra parte, el cautiverio de la élite gobernante son un desastre para el país que, en ausencia de un heredero, va a desaparecer como nación independiente. De hecho, el reino de Portugal es, dos años después del desastre, agrupado junto con la Corona de Castilla por el rey Felipe II de España, proclamado Felipe I de Portugal. Esa situación perdurará 60 años, hasta el año 1640 en el que el debilitamiento de la corona española permitió a Portugal recuperar su independencia. El desconcierto de los Portugueses generará un curioso fenómeno. A pesar de los repetidos enterramientos del rey Sebastián (en Alcazarquivir, al día siguiente de la batalla, en Ceuta, en la iglesia trinitaria, en diciembre de 1578, en Belem, Monasterio de los Jerónimos, en noviembre de 1582), se instala la creencia de que el rey no ha muerto en el campo de batalla y de que volverá para restaurar la grandeza de Portugal. Se trata del nacimiento de una forma de mesianismo, potente y duradero, que convierte en un mito central de identidad nacional la memoria del rey derrotado, bajo el nombre de sebastianismo. El rey desaparecido se convierte poco a poco en el Encoberto (lo Velado, el rey oculto), fascinando por mucho tiempo el imaginario nacional. Recordemos que el término saudade está etimológicamente relacionado con saúde (salud) que también significa salvación o redención, en el sentido religioso. Es por ese medio por el que el sentimiento de espera, propio a la saudade, se une a la aspiración mesiánica del sebastianismo. Ella expresa el sueño de un futuro mejor, que marca el inicio de un « imperio universal » bajo la corona del rey Sebastián. Esta inspiración tendrá larga vida. Tanta que, en 1934, el gran poeta Fernando Pessoa publica su primera colección de poemas en portugués, Mensaje (Mensagem). En dicha colección, cuarenta y cinco poemas místicos conforman una especie de epopeya en gran parte inspirado en el mesianismo sebastianista, profetizando una nueva humanidad, tras la aparición de un « Quinto Imperio de la paz universal. »
Saudade, corazón de una filosofía existencialista portuguesa
Más allá de la cultura popular, la saudade literaria y nacional adquirirá durante el siglo XX un reconocimiento filosófico. El desarrollo del pensamiento existencialista en Portugal se interpreta como una dimensión de la condición humana y tiene un significado universal. Muestra una cierta experiencia del tiempo y de la finitud. En 1955, el filósofo Silvio Lima vuelve a la tensión nativa de la saudade (entre el pasado y el presente, la presencia y la ausencia) y trata de definir la conciencia:
"La conciencia de saudade [saudosa] sufre en esta privación de algo pasado, pero sufre porque aspira a regresar [regresso], para disfrutar de nuevo [refruição] el "paraíso perdido" anteponiéndolo a la eliminación de los obstáculos que hacen saudade [saudozantes]. Sin esta llama permanente de aspiración, la saudade-saudade, no se llevará a cabo [não se darà]; es necesario que, en la dimensión de ese presente, se cumpla la complejidad simultánea de tres dimensiones: el presente respira el pasado y, en lo futurible, lo aspira".
« Reflexões sobre a consciência saudosa », Revista Filosofica, n°44, 1955
Uno puede permanecer perplejo o indiferente frente a ese tipo de análisis, pero no podemos dejar de admirar el poder de inspiración concentrado en la palabra saudade. Como el escritor Teixeira Pascoaes dice: «El alma lusitana se ha concentrado en una sola palabra, donde existe y vive, como en la pequeña gota de rocío, la imagen del sol inmenso. »
Para concluir este pequeño viaje a la tierra de Saudade, les convidamos a escuchar el hermoso fado cantado por Aldina Duarte (haga clic en la imagen aquí abajo, y si no se visualiza, siga este enlace).
Não vou, não vou (Chaves da vida) / No me conformo (Llaves de la vida)
Palabras de Júlio de Sousa – Música de Moniz Pereira
Eu tinha as chaves da vida e não abri
As portas onde morava a felicidade
Eu tinha as chaves da vida e não vivi
A minha vida foi toda uma saudade
E tanta ilusão que tinha e foi perdida
Tanta esperança no amor foi destroçada
Não sei porque me queixo desta vida
Se não quero outra vida para nada
Se foi p'ra isto que nasci
Se foi p'ra isto que hoje sou
Se foi só isto que mereci
Não vou, não vou
Podem passar bocas sorrindo
Olhos em fogo, tudo acabou
Pode passar o amor mais lindo
Não vou, não vou
Eu tinha as chaves da vida e fui roubada
Mataram dentro de mim toda a poesia
Deixaram só tristeza e mais nada
E a fonte dos meus olhos que eu não queria
Yo tenía las llaves de la vida y no he abierto
las puertas de la felicidad
Yo tenía las llaves de la vida y no he vivido
Mi vida fue toda una saudade
Y tenía tantas Ilusiones que se perdieron
Tanta esperanza en el amor que fue destruido
No sé por qué me quejo de esta vida
ya no quiero otra, para nada
Si es por eso que nací
Si es por eso que hoy existo
Si es sólo eso que merecía
No me conformo, no me conformo
Pueden pasar bocas sonriendo
Ojos de fuego, todo se acabó
Puede pasar el más bello amor
No me conformo, no me conformo
Yo tenía las llaves de la vida y fue robada
Han matado en mí toda poesía
Me dejaron solamente tristeza y nada más
y la fuente de mis ojos que yo no quería.
Fuentes del presente artículo
Wikipedia, en varios idiomas.
Portaldofado.net
Artículo de Fernando Santoro "Saudade" en Cassin B. (ed.), Vocabulario europeo de las filosofías, Le Seuil, París, 2004.
A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de Wikimedia
Comentarios (1)
- 1. | 21/06/2018
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Pour rester dans un registre assez similaire, il est intéressant d’évoquer les fortunes du mot « blues » resté « intraduit », devenu cependant universel.
Blues vient de l’expression : to have the blue devils, littéralement : avoir les démons bleus ! Quels démons ? Et pourquoi bleus ? Il semble que la formule, apparue au milieu du XVIIIe siècle, décrive les hallucinations dues au sevrage brutal de l’abus d’alcool prolongé, provoquant ainsi le « delirium tremens ». Celui-ci se manifeste par des cauchemars, des troubles dépressifs et la vision de fantasmagories qui prennent la forme, chez certains (les Français ?!) d’animaux rampants, chez d’autres (les Anglais ?!) de démons en couleurs. En 1798, le dramaturge anglais George Colman écrivit une farce à succès sur le sujet.
Les divers sens de blue (bleu) dans la langue anglaise : cette couleur est souvent associée à des états ou actes négatifs, dérangeants, et même perturbants, comme la peur, l’agacement, la colère, l’envie de meurtre ou d’autodestruction mais aussi la grivoiserie voire la pornographie. Quel bleu ? On ne sait exactement car les nuances de bleu sont extrêmement nombreuses, mais on peut penser qu’il s’agit de la nuance la plus agressive, comme par exemple un cyan très pétant, voire « gueulard », émettant pour certaines personnes des vibrations insupportables.
Au fil du temps la notion de « démons bleus » s’édulcora, les démons ayant pris le large. Abrégée, la formule devint « to have the blues » ou « to feel blue » signifiant broyer du noir, se sentir misérable. Utilisée par les colons anglais en Amérique du nord, elle fit florès par le biais des… esclaves qui, malgré eux, en firent un mot majeur de la culture américaine. En effet, le son et le rythme des mélopées chantées tout au long du jour (work-songs) qui leur servaient à résister à la dureté des travaux dans les champs de tabac ou de coton, traduisaient l’infinie nostalgie du pays perdu et la désespérance, bien avant les gospels. Leur seul moyen de communiquer entre eux dans les champs était de chanter ou de fredonner. Parler leur était interdit.
Ils inventèrent ainsi une musique singulière au tempo lent, syncopé, bâtie sur la confrontation du système musical pentatonique africain (5 degrés) avec le système tonal européen qui en possède 7, en infléchissant les 3e, 5e et 7e degrés d’un demi-ton, soit vers le mode mineur, soit vers le mode majeur. Ce qui créa des dissonances au caractère plaintif (dont la guitare électrique tira plus tard largement parti). Ces nouvelles notes furent appelées « blue note ». Le célèbre Saint-Louis Blues en donne une idée assez précise. Le blues subit de multiples influences jusqu’à sa stabilisation par l’écriture et l’enregistrement au début du XXe siècle. Sur le plan vocal, Memphis Slim qui entre 1940 et 1970 composa et interpréta d’innombrables blues, en en conservant l’esprit nous offre un magnifique exemple des caractéristiques originelles du blues dans Freedom : la mélancolie, le répétitif, la pulsation, le timbre, la blue-note, le vibrato, valorisées par une voix chaude et ample.
Le blues fut ainsi à la base du jazz et eut un immense rayonnement sur les styles musicaux actuels, vocaux et instrumentaux, comme le rythm and blue avec ses variantes locales, le boogie-woogie, la country, le rock and roll et toutes ses formes actuelles, le blues électrique, la soul, la pop, etc. Il fut également source d’inspiration pour des compositeurs comme M. Ravel ou G. Gershwin dont tout le monde connaît l’inoubliable Summertime.
Il est amusant de constater comment la « noirceur » attribuée à une simple couleur, le bleu, donna naissance, il y a maintenant longtemps, à un langage musical unique en son genre, doté d’une puissante charge émotionnelle, qui n’a plus rien de mélancolique, qui n’a cessé d’évoluer, que le monde entier s’est approprié et qui continue de s’enrichir de nouveaux courants car c’est un immense réservoir d’inspirations. Le blues intraduisible ? C’est mieux ainsi !